
Al igual que sucede con los espermatozoides, los embriones (óvulos ya fecundados por un espermatozoide y en diferentes fases de división) pueden almacenarse a bajas temperaturas para un uso posterior.
Hasta hace poco tiempo, para llevar a cabo este mantenimiento se realizaba un procedimiento de congelación embrionaria que enfriaba lentamente las células para intentar evitar la formación de hielo a partir del agua que éstas contienen en su interior. Este método lleva utilizándose muchos años, pero las tasas de implantación de los embriones así congelados eran mucho más bajas que la de los embriones "frescos" (no congelados).
Hoy en día existe un nuevo método mucho más avanzado conocido como Vitrificación Embrionaria que ofrece una mayor efectividad al lograse mejor supervivencia de los embriones y una mejor tasa de implantación, lo que se traduce en mejores tasas de embarazo.
Crea ha sido el primer centro de España en dejar de utilizar el método clásico de congelación y solo vitrificamos nuestros embriones en cualquier estadio, desde hace varios años.
La gran mayoría de los centros de reproducción asistida, en todo el mundo, siguen utilizando la congelación clásica. Muchos compañeros de otros centros de toda España han venido a Crea a aprender a vitrificar o a comparar sus métodos. Nuestros resultados con vitrificación fueron presentados en el congreso nacional de la Asociación Española de Biologia de la Reproduccion (ASEBIR), habiendo recibido nuestro equipo el premio al mejor trabajo clínico a nivel nacional.
A diferencia de la congelación clásica, la vitrificación enfría las células de forma extraordinariamente rápida. Antes, se enfriaban lentamente a un ritmo de, aproximadamente, 0´3 ºC por minuto, para intentar evitar que el agua que hay dentro y alrededor del embrión se transformara en hielo. La vitrificación, sin embargo, enfría de forma fulminante las células a una velocidad de más de 15.000 ºC por minuto, de manera que podríamos decir que no da tiempo a que se forme hielo sino que lo que se forma es una especie de gel que no daña a las células.
Así se consigue que menos embriones resulten dañados y que tengan mejor tasa de implantación, de manera que con el método antiguo de congelación se quedaba embarazada una de cada tres pacientes y con la vitrificación se quedan ahora más de la mitad de ellas.
Además, al haber una mayor posibilidad de que un embrión implante, podemos transferir un menor número de embriones y con ello reducimos el riesgo de embarazo múltiple sin perder efectividad.


